
Javier Weber nació el 6 de enero de 1966 en Buenos Aires. Desde chico, su carrera apuntaba a lo que fue: una estrella del vóley nacional.
Javier Carlos, tal es su nombre completo, fue una de las piezas clave en la refundación del deporte en la Argentina. Dentro de su extenso palmarés, sobresale que fue una de la figuras -como armador- del equipo que consiguió el bronce en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, además de haber jugado también en el equipo que salió octavo en Atlanta 1996 y cuatro en Sydney 200.
Además, durante siete años fue capitán del seleccionado argentino. Obtuvo la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de 1995 y la de bronce en 1991. Y fue una vez campeón panamericano y cinco veces campeón sudamericano.
A nivel clubes, el actual DT de la Selección (asumió en 2008) tiene un extenso y exitoso currículum. Jugó en Argentina, Italia y Brasil. En 1998 y 1999 fue premiado como el mejor jugador de la Superliga Brasileña.
Ya como DT, en el último año de su actuación como jugador fue a la vez director técnico de su equipo, Unisal de Brasil, con el que salió campeón al año siguiente y en 2005. En la temporada 2005/2006 ganó la Liga de Grecia dirigiendo al Panathinaikos y en 2007/2008 ganó la Liga Nacional Argentina con el Club Bolívar.
FUNDACIÓN PUPI
La Fundación Pupi nació en 2002 a raíz de la crisis que vivía la Argentina. Javier Zanetti, desde Milán -donde juega hace casi dos décadas-, empezó a ver las carencias de las familias y cómo esto afectada a la niñez. Y fue por eso que, junto a su mujer, Paula de la Fuente Zanetti, se decidió a hacer algo para cambiar la realidad.
En un principio, con un grupo reducido de benefactores y adherentes (si querés sumarte y ser parte, entrá a www.fundacionpupi.org), la Fundación Pupi empezó ayudando a unos 40 chicos, pero que rápidamente se incrementó. Hoy ya son ciento ocho los niños y niñas de esas características, que junto a sus casi setenta familiares, participan activamente en la búsqueda de un camino para su desarrollo.
¿Pero por qué nació esto? La visión de Pupi es la de una sociedad más justa y fraterna en la que todos sus integrantes tengan iguales oportunidades de desarrollo, sin exclusiones ni marginaciones. Y por eso, lejos de quedarse con los brazos cruzados, decidió enfrentar la problemática de la pobreza y la marginalidad, impulsando el desarrollo de los sectores más vulnerables de la sociedad, con un criterio de integralidad y excelencia en la prestación.
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