
Paula Pareto nació en Buenos Aires el 16 de enero de 1986. Más que judoca de profesión, ella es judoca de nacimiento, de vocación. Empezó a practicar este deporte cuando sólo tenía nueve años, en el club San Fernando, donde estuvo hasta 2005 antes de pasar a Estudiantes de La Plata. Y tantos años de dedicación dieron sus frutos.
La Peque, como la apodan, consiguió su primer gran logro en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro 2007, con una medalla de bronce. Luego, ese mismo año, terminó quinta en el Mundial, puesto que le dio la clasificación a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.
Fue justamente ahí, en China, donde Paula explotó: con el bronce en los Juegos, se convirtió en la primera deportista argentina en ganar una medalla olímpica en judo, tras vencer a la norcoreana Ok Song Pak en la categoría de 48 kilos. Pero Pareto no se quedó ahí. En los Panamericanos 2009 de judo, en el Cenard en Buenos Aires, se quedó con el oro tras vencer por ippon a la colombiana Luz Álvarez en la final.
Aunque, claro, el judo es gran parte de su vida pero no todo. Además de exitosa deportista, Paula es estudia en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, donde cursa el cuarto año de la carrera.
La Fundación Pupi nació en 2002 a raíz de la crisis que vivía la Argentina. Javier Zanetti, desde Milán -donde juega hace casi dos décadas-, empezó a ver las carencias de las familias y cómo esto afectada a la niñez. Y fue por eso que, junto a su mujer, Paula de la Fuente Zanetti, se decidió a hacer algo para cambiar la realidad.
En un principio, con un grupo reducido de benefactores y adherentes (si querés sumarte y ser parte, entrá a www.fundacionpupi.org), la Fundación Pupi empezó ayudando a unos 40 chicos, pero que rápidamente se incrementó. Hoy ya son ciento ocho los niños y niñas de esas características, que junto a sus casi setenta familiares, participan activamente en la búsqueda de un camino para su desarrollo.
¿Pero por qué nació esto? La visión de Pupi es la de una sociedad más justa y fraterna en la que todos sus integrantes tengan iguales oportunidades de desarrollo, sin exclusiones ni marginaciones. Y por eso, lejos de quedarse con los brazos cruzados, decidió enfrentar la problemática de la pobreza y la marginalidad, impulsando el desarrollo de los sectores más vulnerables de la sociedad, con un criterio de integralidad y excelencia en la prestación.
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